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¿Te irrita tener que esperar para hacer una simple pregunta a tu médico en la era del correo electrónico e Internet? Esta semana el Dr. Ron Risley examina las implicaciones de la correspondencia médica en la Red desde el punto de vista de los médicos y los pacientes. También damos algunas aclaraciones sobre las recientes actualizaciones de firmware de Apple y nos alejamos del Mac OS X con una reseña de The Mac OS 9 Bible. En las noticias, revisamos los lanzamientos de Netscape Communicator 4.77 y Toast 5 Titanium.
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Netscape lanza Communicator 4.77 -- Netscape ha lanzado Communicator 4.77, una actualización de mantenimiento que soluciona pequeños problemas del viejo navegador Web para Mac de la compañía (la mayoría de los esfuerzos de desarrollo de Netscape se centran en Netscape 6 - véase "Llega un vacilante Netscape 6" en TidBITS-es-556). La nueva versión solventa un problema cuando los marcadores se colocan en la barra personal de herramientas, además de otros dos relacionados con JavaScript: algunas veces no se trataba adecuadamente ciertas URL en JavaScript al pincharlas mientras se mantenía la tecla Comando pulsada, y Comunicator no siempre trataba internamente URL en JavaScript. La nueva versión supone una descarga de 14,7 MB. [JLC]
<http://home.netscape.com/download/>
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06206>
<TidBITS-es-556.html#lnk1>
Toast 5 Titanium añade soporte Vídeo CD -- Cuando Apple anunció la capacidad para tostar CD y DVD de sus nuevos Mac, nos preguntamos qué significaría esto para Toast de Roxio, el actual estándar en grabación de CD. Ahora, Roxio ha lanzado Toast 5 Titanium, una nueva versión con capacidad para grabar Vídeo CD que se pueden visionar en la mayoría de reproductores DVD Vídeo. La nueva versión también mejora sus formatos MP3 Disc, Data CD, Audio CD, y CD Copy, incluye grabación en segundo plano y una nueva interfaz, y añade compatibilidad con los programas de Apple iTunes e iDVD. Toast 5 Titanium ya está a la venta por 90 US$. [JLC]
<http://www.roxio.com/en/products/toast/>
Errores con el Agente de Actualización -- Tras leer el artículo de la semana pasada acerca de la instalación de Mac OS X (véase "Fuera de la caja: Instalando Mac OS X" en TidBITS-es-574), desde Insider Software sugieren al equipo de edición de TidBITS que vuelva a meterse en su caja y no salga en una temporada. En efecto, denominamos erróneamente a UpdateAgent "UpgradeAgent", y citamos un precio de 70 US$ en vez de la cantidad correcta de 50 US$, que además incluye un año de servicio. Insider Software señala también que UpdateAgent está disponible en CD, para comodidad de consultores y propietarios de varios Mac. En resumen, sacaremos otra vez del armario el látigo de las flagelaciones para aplicarnos el correctivo que merecemos. [JLC]
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06384>
<http://www.insidersoftware.com/>
Resultados de la encuesta: ¿Cuándo marcará la diferencia el sistema X? -- Hace dos semanas preguntábamos cuándo piensas instalar Mac OS X, para evaluar el interés que el nuevo sistema suscita en los lectores de TidBITS. De cerca de 900 encuestados, un tercio dijo que instalaría el nuevo sistema operativo inmediatamente, otro 16 por ciento señaló que antes de julio de 2001 (cuando Apple prevé comenzar a incluir Mac OS X por defecto en los nuevos Macintosh), y el 46 por ciento manifestó que esperaría hasta después de Julio. Con unas simples sumas se obtienen dos conclusiones: el 95 por ciento de los encuestados planea instalar Mac OS X, y casi la mitad de éstos tiene intención de hacerlo antes de julio. [ACE]
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbpoll=72>
Adam C. Engst <ace@tidbits.com>
La semana pasada escribíamos acerca de las actualizaciones del firmware de los últimos Mac que Apple publicó poco después del lanzamiento de Mac OS X, y cuáles impedían al Mac detectar módulos de memoria de otros fabricantes tras la actualización. (Véase "Actualizaciones de firmware permitidas" en TidBITS-es-574). Ahora, Apple ha declarado a MacInTouch que las actualizaciones 4.1.7 y 4.1.8 de firmware incorporan un nuevo sistema de comprobación para determinar la compatibilidad de la RAM instalada, a fin de solventar problemas de cuelgues aleatorios del sistema y otras cuestiones de estabilidad general. La actualización del firmware hace que el Mac ignore DIMM de RAM que, o no cumplen con las especificaciones de Apple o no son identificados como compatibles por la aplicación. Por supuesto, esto plantea la cuestión de por qué Apple no avisó inicialmente de las posibles consecuencias (lo cual sí se hace ahora en las descripciones de dichos archivos, en el sitio web para descargas de programas de Apple, o por qué la propia actualización no comprueba los DIMM antes de instalarse.
<http://www.macintouch.com/firmwareramprob2.html>
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06380>
Glenn Anderson, autor de Eudora Internet Mail Server de Qualcomm, ha respondido al desafío con DIMM First Aid (antes llamado DIMMCheck), una utilidad gratuita utilizable en Mac OS 9 que permite comprobar si los DIMM son compatibles con las nuevas y más estrictas especificaciones de Apple. Si la prueba falla, DIMM First Aid puede reprogramar las EEPROM detectoras de presencia en serie de los DIMM problemáticos, de modo que éstos no sean desactivados más tarde por el actualizador del firmware. El archivo de descarga de DIMM First Aid ocupa 6K.
<http://www.eudora.com/eims/>
<http://mactcp.org.nz/dimmfirstaid.sit>
Así, antes de instalar las actualizaciones de firmware 4.1.7 ó 4.1.8 (de las que Apple dice que "mejoran sensiblemente la estabilidad y comportamiento del sistema"), asegúrate de comprobar la memoria de tu Mac con DIMM First Aid. Si tus DIMM fallan, utiliza DIMM First Aid para repararlas. Si superan la prueba, es prácticamente seguro que puedas actualizar el firmware sin problemas. Puedes bajarte las actualizaciones del sitio Web de Apple para descarga de programas (Software Downloads) haciendo una búsqueda con las palabras "firmware update", o conseguirías utilizando el panel de control "Actualizaciones de Software", pero ten en cuenta que las actualizaciones de firmware que vienen incluidas en el CD-ROM de Mac OS 9.1 que acompaña a Mac OS X son versiones mucho más antiguas. En nuestro artículo "Fuera de la caja: Instalando Mac OS X" en TidBITS-es-574 dijimos que no deberías instalar las actualizaciones de firmware, pero nos equivocamos. Cualquiera que piense instalar Mac OS X debe, al menos, instalar las actualizaciones de firmware que acompañan al CD-ROM de Mac OS 9.1, como paso previo a la instalación de Mac OS X.
<http://asu.info.apple.com/>
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06384>
Si estás al borde de la desesperación porque que algunos de tus DIMM han desaparecido como resultado de haber actualizado ya el firmware, ejecuta DIMM First Aid, y ello probablemente solucionará el problema, aun cuando tus DIMM ya hayan sido desactivados. Si, por alguna razón, esto no funcionase, ponte en contacto con tu proveedor. La mayoría de ellos, de acuerdo con un sondeo realizado por Ramseeker, aceptan la devolución de los DIMM, cambiándolos por otros o reprogamando las EEPROM para que funcionen correctamente con la actualización de firmware.
En cualquier caso, Glenn Anderson se merece nuestra más sincera felicitación por el trabajo que ha realizado al crear DIMM First Aid, al contrario que Apple, que al lanzar una actualización que desactiva elementos de hardware sin hacer ninguna advertencia, se ha comportado de una manera negligente en extremo.
<http://xlr8yourmac.com/OSX/FirmwareUpdate_missingRAM.html#apple>
<http://www.ramseeker.com/firmware.shtml>
Kirk McElhearn kirk@mcelhearn.com
Los libros sobre ordenadores suelen ser voluminosos, porque estas máquinas -al igual que las aplicaciones y sistemas operativos - son bastante mas complejas de lo que a menudo quieren admitir sus propios creadores. Aunque el tamaño no es siempre importante, a menudo es cierto que un libro grande suele traer información que otros han dejado de lado.
The Mac OS 9 Bible, de Lon Poole y Todd Stauffer (editada por Hungry Minds, a un precio de 40 US$) es un libro de ese tipo. No es una introducción a Mac OS 9 ni tampoco un tutorial para aprender a utilizarlo, sino que trata de explicarlo al completo, y con sus casi 900 páginas, no se deja prácticamente nada. Quizás te preguntes si merece la pena comprar un libro sobre Mac OS 9 ahora que Apple acaba de sacar Mac OS X, pero aparte del hecho de que no todos los Mac son compatibles con Mac OS X, tengo mis sospechas de que muchos usuarios de Macintosh van a esperar un tiempo antes de lanzarse a Mac OS X. Y si planeas aguantar con Mac OS 9 un año más, o si piensas usar aplicaciones antiguas en el entorno Classic (que utiliza Mac OS 9.1), no hay razón para no querer sacar el máximo partido a dicho sistema.
<http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/0764534149/tidbitselectro00A/>
En cuanto leas las primeras páginas, te darás cuenta de la profundidad del libro - el índice, por sí solo, ya ocupa 22 páginas. Poole y Stauffer han recogido, aparentemente, tanta información sobre Mac OS como les ha sido posible, y la presentan de una forma clara y fácil de entender.
Sin embargo, y como lo autores aclaran en la introducción, The Mac OS 9 Bible no es un libro para los que se inician en el Macintosh. No explica cómo apuntar y hacer clic o cómo seleccionar un elemento del menú. En cambio, es un libro para quienes quieren saber cómo funciona todo, o para los que quieren una obra de referencia a su lado cuando surge una pregunta.
El primer centenar de páginas se ocupa de la utilización básica del escritorio y del Finder, y también de lo nuevo y lo interesante de Mac OS 9. (Téngase en cuenta que el libro no cubre la reciente actualización Mac OS 9.1; no creo que haya una edición posterior que describa las últimas características como el nuevo menú Ventana del Finder, pero por otro lado los cambios visibles de Mac OS 9.1 son en su mayoría mínimos.) Este material se dirige a los usuarios inexpertos, pero es probable que sólo la cantidad de información que se les presenta termine por aburrirlos. En resumen, The Mac OS 9 Bible no sirve a quienes arranquen por primera vez un iMac (TidBITS publicará próximamente una reseña comparativa sobre libros dirigidos al iMac).
The Mac OS 9 Bible no fue escrito para ser leído desde la primera hasta la última página, pero es exhaustivo, los capítulos están bien organizados, y se explican muy bien algunos de los aspectos clave de Mac OS. Veamos unos ejemplos: la sección sobre las tipografías esboza una visión general de las diferentes clases de tipos y cómo funcionan; los dos capítulos que tratan sobre la impresión satisfacen cualquier necesidad imaginable; y el capítulo titulado "Adjust Controls and Preferences" ("Configuración de Preferencias y Controles") explica cómo manipular cada parte configurable del sistema.
The Mac OS 9 Bible incluye también un buen capítulo sobre AppleScript, la tecnología de guiones desarrollada por Apple e integrada en el sistema operativo - algo que muchos libros que se ocupan de Mac OS sólo mencionan de pasada. Desde hace tiempo los usuarios más avanzados han aprovechado la automatización que hace posible AppleScript, por ejemplo, para montar volúmenes de la red, cambiar atributos de archivos, integrar aplicaciones o aplicar acciones de carpeta (guiones que se ejecutan cuando, entre otros casos, uno o varios archivos se agregan a una carpeta abierta o salen de ella). Puede que sea difícil aprender AppleScript, pero con una introducción tan buena como ésta, hasta los usuarios más inexpertos pueden empezar a crear guiones que hagan maravillas.
Para los interesados en instalar una red (las redes en el propio domicilio son cada vez más comunes), hay tres capítulos que explican todo sobre conectividad y archivos compartidos. Sin embargo, encontré una omisión importante: AirPort, la tecnología de red inalámbrica de Apple, sólo se hace acreedora a una breve mención que no llega a cubrir una página. AirPort merece más atención, porque la capacidad de montar una red sin pasar cables por la casa ofrece grandes posibilidades. (Consulta "Camino de AirPort" en TidBITS-es-567 para más información sobre cómo montar y usar una red AirPort.)
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06300>
Me gustó encontrar un capítulo dedicado a los programas de libre distribución - hay disponibles muchas y excelentes aplicaciones para el Mac que no se venden a través de los canales tradicionales y, en más de 20 páginas, The Mac OS 9 Bible presenta docenas de los mejores programas de shareware, junto con las URL donde se encuentran las últimas versiones. Muchas personas desconocen estas joyas, y algunos de los mejores complementos de Mac OS tienen su origen en ellas.
También hay otro capítulo que va más allá de lo básico y trata extensamente trucos y secretos, pero por otro lado me defraudó un poco el capítulo sobre solución de problemas. Mac OS puede ser más estable y, por lo general, más fácil de usar que Windows, pero los usuarios del Mac también tienen su cuota de fallos y anomalías. Si bien las páginas sobre medidas preventivas son excelentes, hubiera preferido ver explicaciones más completas sobre algunos de los problemas más comunes y sus soluciones. Si se busca información relacionada con la solución de problemas en el Macintosh, es preferible comprar un ejemplar de la cuarta edición del clásico libro de Ted Landau "Sad Macs, Bombs, and Other Disasters" (Peachpit Press, 35 US$).
<http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/020169963X/tidbitselectro00A/>
Comparado con el libro de David Pogue "Mac OS 9: The Missing Manual", del que hice una crítica hace poco, The Mac OS 9 Bible contiene aproximadamente el doble de páginas y presenta la información de forma distinta. Si Pogue toma una postura didáctica cuyo propósito es enseñar a usar Mac OS 9, Poole y Stauffer son más exhaustivos, penetrando en cada rincón y en cada grieta de Mac OS. El primero es un gran libro para usuarios en general que quieran adquirir cierta soltura en el manejo del Macintosh, pero The Mac OS 9 Bible rellena todos aquellos detalles que se pierden inevitablemente cuando se intenta proporcionar una visión pedagógicamente coherente.
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=06089>
En conjunto, The Mac OS 9 Bible es excelente, aunque he encontrado lagunas en algunas áreas. Me considero un usuario avanzado, pero aún así lo he consultado muchas veces y, en la mayoría de los casos, he encontrado la respuesta a mis dudas (un magnífico índice y un glosario de términos clave también ayudan a encontrar esas respuestas en el texto). El precio de 40 US$ es un poco elevado, pero cuando se piensa en el tiempo que uno puede ahorrarse, el libro vale de sobras lo que cuesta. Está bien escrito, es claro y el diseño resulta excelente; es uno de los libros mejores y más completos sobre Mac OS 9.
[Kirk McElhearn es traductor independiente y escritor técnico, y vive en un pueblo de los Alpes franceses.]
Ron Risley <ron@risley.net>
Es una frustración que estoy seguro de que todos han sufrido: tener una duda médica. Uno quiere seguir el consejo de los anuncios de medicamentos y "consultar a su médico", pero faltan tres meses para la próxima visita, y parece una tontería (y además bastante cara) pedir hora sólo para hacer una simple pregunta. Intentas llamar, pero acabas en línea de espera o hablando con alguien de recepción, o tal vez llegues hasta el buzón de voz del médico, pero es difícil explicar el problema a una voz grabada.
¿No sería fantástico comunicarse con el médico por correo electrónico? Podrías ordenar tus ideas con cuidado y a tu propio ritmo, y entonces enviar la correspondencia inmediatamente sin tener que escuchar la música de espera o explicar problemas personales a una secretaria o a una grabadora. El uso del correo electrónico para comunicarnos con el médico refleja la visión que muchos tenemos de las tecnologías de la información, que nos permiten recuperar parte de la experiencia personal que el consumo de masas nos ha arrebatado.
El punto de vista del médico -- Usar el correo electrónico es una propuesta tentadora también para el médico. Los pacientes se sorprenderían de las condiciones de trabajo de muchos médicos en un sistema de atención sanitaria que los somete a una elevada presión. Por ejemplo, tal vez pienses que tu médico tiene un lujoso despacho con un enorme escritorio, teléfono, ordenador y una serie de ayudantes a cargo de los archivos, la correspondencia, etc. La realidad puede ser muy diferente. La clínica de familia donde ejerzo - en un centro médico universitario de prestigio - tiene una única gran zona de trabajo (con el nombre eufemístico de "sala de médicos") que hace de despacho para la práctica totalidad del cuadro facultativo. Unos cuarenta médicos comparten tres teléfonos y cuatro pequeños escritorios (sin cajones, taquillas ni otro espacio para archivos personales o material). No tenemos personal administrativo - me ocupo personalmente de todas las llamadas, cartas, recetas, faxes y formularios administrativos para mis pacientes. En la sala hay algunos ordenadores con Windows 95, pero el mantenimiento está a cargo del Departamento de Informática de la universidad y su tiempo de inactividad se acerca a un alarmante 80 por ciento. Y lo que es peor, todos las historias clínicas se guardan en formato de papel en un almacén central. Consultar uno de esos historiales requiere una solicitud para que lo traigan a la clínica, donde a menudo se pierde antes de que uno la encuentre en la atestada zona de trabajo.
El tiempo es otra limitación. Nuestros sueldos se basan en una jornada de cuarenta horas semanales, pero para cumplir los requisitos mínimos de productividad y otras obligaciones, al tiempo que se ofrece un nivel correcto de atención al paciente, frecuentemente es necesaria una dedicación superior a setenta horas a la semana. Nuestros horarios no tienen ningún tiempo asignado para el "contacto no remunerado con el paciente," lo que generalmente significa contestar llamadas telefónicas.
Los médicos de la clínica usan diversas estrategias para hacer frente a estas rudimentarias condiciones. La más común es limitar el contacto del paciente a las consultas programadas, cuando se tienen las fichas a mano y se puede dedicar algo de tiempo (normalmente diez minutos) específicamente a dicho contacto. Este sistema garantiza un mínimo de recursos, pero lo considero desventajoso para los pacientes, quienes no pueden siquiera preguntar "¿Debo tomar esta medicación diaria por la mañana o por la noche?" sin pedir hora, esperar varias semanas, pasar un buen rato en una sala de espera infestada de gérmenes, y asumir el pago de la parte de los honorarios que les corresponde y el precio del estacionamiento.
Varios de nosotros hemos intentado solucionar estas deficiencias utilizando organizadores personales. Fui uno de los primeros en adoptar la tecnología Newton, y me pasé a Psion con el sistema operativo EPOC cuando Apple hizo desaparecer Newton.
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=04735>
<http://db.tidbits.com/getbits.acgi?tbart=04760>
<http://www.risley.net/comp.comm/newton/dayinthelife.html>
<http://www.risley.net/psion/>
Con un ordenador en el bolsillo, podía tener conmigo información básica sobre mis pacientes en todo momento. Podía registrar el correo de voz y las llamadas, disponiendo así de un archivo del contenido de las conversaciones, y podía recibir y enviar correo electrónico prácticamente en cualquier lugar usando mi Psion y mi teléfono móvil GSM (excepto, cómo no, desde la clínica de familia, que tiene una recepción GSM muy deficiente).
Ventajas del correo electrónico -- Si todos mis pacientes se comunicaran por correo electrónico, podría manejar gran parte de mi correspondencia con ellos desde el despacho que tengo en mi domicilio. Podría rápidamente clasificar los mensajes y concentrarme en los más urgentes, a diferencia de los mensajes de voz, que requieren tanto tiempo que podría pasarme un período de descanso completo escuchando sólo unos pocos (con mucha probabilidad, prolijos mensajes administrativos) sin tener siquiera tiempo para devolver las llamadas. No puedo devolver las llamadas desde mi domicilio porque generalmente ya es tarde a la hora en que llego allí y además resultaría perturbador para mi familia que yo mantuviese conversaciones psiquiátricas y médicas en casa. Por otra parte, devolver llamadas desde el trabajo es difícil, porque no hay un sitio donde sentarse y hablar en privado.
Aun más importante, el correo electrónico me da un registro escrito de lo que un paciente me contó exactamente y lo que yo hice en respuesta. Puedo remitirme a eso posteriormente si estamos tratamos de deducir cuándo apareció por primera vez un síntoma y si está empeorando o mejorando. El paciente, además, se beneficia de instrucciones escritas a las que puede referirse, y tiene una vía abierta para buscar aclaraciones si mis instrucciones le resultan confusas.
Suena estupendamente, y puede funcionar bien, pero hay algunas características del correo electrónico que pueden no ser obvias para el paciente ordinario y que merecen atención especial.
Intimidad -- El secreto de los datos médicos es mucho más importante de lo que el ciudadano medio puede pensar. Al poco tiempo de ejercer la medicina empecé a sentirme profundamente incómodo por la despreocupación con que tanto los proveedores de asistencia sanitaria como los pacientes se tomaban la información médica privada. Cuando alguien se encuentra enfermo, lo que quiere sobre todo es sanar. No se es plenamente consciente de hasta qué punto ciertos datos médicos pueden, en un futuro cercano, afectar a la propia capacidad para optar a un puesto de trabajo, suscribir un seguro, solicitar un crédito e incluso conducir un automóvil.
En un momento en que las instituciones sanitarias, lentamente y a la fuerza, se van alejando de los sistemas decimonónicos de mantenimiento de datos, los defensores del derecho a la intimidad levantan la enseña del secreto médico para retrasar el desarrollo de sistemas de apoyo médicos que podrían mejorar la calidad de la atención sanitaria. No importa que ese tipo de protestas no se oyeran cuando se automatizaron los sistemas de facturación -que manejan similares datos privados de naturaleza médica. Ahora que se propone una tecnología que permite mejorar el bienestar del paciente, en lugar de facilitar la vida de los departamentos de contabilidad, de repente toda precaución es poca.
Y ya era hora. Aunque el doble rasero puede resultar muy frustrante -los sistemas de mantenimiento electrónico de datos están sometidos a controles mucho más estrictos que cualquiera de los aplicados a los procedimientos en papel- la atención actual a la intimidad es algo positivo. Los datos médicos se han convertido en buena medida en propiedad de las aseguradoras, las financieras y los abogados, en lugar de ser una herramienta por y para el paciente, que se pone a disposición del médico para la atención sanitaria. Si realmente vamos a reinstaurar el secreto de los datos médicos, éstos volverán necesariamente a esta segunda función, mucho más importante.
Así que ¿qué queremos decir cuando hablamos de datos e historiales médicos privados? Casi todo el mundo está satisfecho con la intimidad de una llamada telefónica. Ello es bastante lógico. Es cierto que se realizan grabaciones, tanto legal como ilegalmente, pero las llamadas telefónicas -incluso hoy, cuando todas pasan por centrales digitales - son efímeras. Se tiene que manejar el dispositivo de escucha en tiempo real, y necesariamente tiene que haber alguien escuchando (o revisando la grabación). Al menos en los Estados Unidos, no tenemos el hábito de realizar escuchas aleatorias de conversaciones a gran escala. A no ser que uno sea un terrorista, un miembro de una organización criminal o un importante traficante de drogas, lo más probable es que sus llamadas telefónicas no sean escuchadas.
El siguiente en la lista es el fax. Los datos médicos circulan por fax por todo el país, desde y hacia la consulta del médico, el seguro, los servicios de la Administración y el hospital. El fax se ha convertido, con mucha diferencia, en el medio predilecto para la transmisión de datos médicos. Aunque los faxes se envían por las líneas normales de teléfono, son menos seguros que las conversaciones. En primer lugar, es relativamente fácil escanear las líneas en busca de señales de fax o módem y grabar los resultados. Además, si alguien se equivoca al marcar aunque sólo sea en un número, el fax puede aparecer en otro aparato en cualquier lugar del país; esto me ocurre en mi propio aparato de fax con una frecuencia sorprendente. Y aún más importante, los aparatos de fax a menudo depositan los datos privados en una bandeja o en el suelo, de donde los recoge y archiva (con suerte) un empleado que no tiene virtualmente ningún incentivo para mantener la información en secreto. Es probable que incluso el personal de limpieza del edificio haya visto más de una vez un fax con tus datos médicos.
Editoriales contrapuestos en la revista Psychiatric News de hace unos años debatían el tema de la confidencialidad del correo electrónico (los psiquiatras son muy susceptibles respecto a la confidencialidad, tanto que es práctica común llevar dos libros: un simple registro de visitas y tratamientos para la recepción y los ayudantes, y otro con las notas de consulta en que se detalla lo que los pacientes realmente dicen en las sesiones de terapia). Una posición defendía que el correo electrónico es tan privado como una llamada telefónica. La otra, que equivale a publicar la correspondencia personal en el New York Times. Por mucho que quiera creer en la primera, mi experiencia como consultor de seguridad de datos me induce, a mi pesar, a dar más crédito a la segunda. El correo electrónico está en manos de empresas y entidades que carecen de incentivos históricos y legales para garantizar la intimidad. Por su naturaleza electrónica, es muy sencillo controlar, guardar y conservar indefinidamente el correo electrónico con un coste muy bajo. Contrariamente a lo que ocurre con las llamadas telefónicas o el fax, los proveedores de Internet --y quizá otros-- almacenan el correo electrónico mientras se encuentra en tránsito y a la espera de la recuperación por el destinatario. Esos datos almacenados muchas veces pasan a formar parte de elementos de copia de seguridad, donde podrían quedar archivados indefinidamente. En otras palabras, incluso aunque nadie tenga interés en los datos de uno ahora mismo, es concebible que se pueda hurgar en las cintas de archivo de AOL o EarthLink dentro de diez años y encontrar información privada.
Otro factor en relación con el carácter privado del correo electrónico es que su uso parece crear una ilusión de intimidad. Hay estudios que demuestran que los pacientes son más proclives a divulgar información por correo electrónico que mediante carta o dejando un mensaje telefónico. Bajo la normativa actual, sin embargo, la correspondencia electrónica con el médico puede llegar a formar parte de la historia clínica. Incluso si el correo electrónico fuese perfectamente privado, el resultado final es que como mucho es tan seguro como las historias clínicas en la actualidad. No resulta muy tranquilizador.
¿Qué debe hacer el paciente? -- Precauciones aparte, las ventajas de utilizar el correo electrónico superan los riesgos para muchos pacientes. Si tu médico quiere utilizar la comunicación electrónica, asegúrate de que los dos tenéis un conocimiento básico de los límites de la confidencialidad del correo electrónico. Los médicos que usan el correo electrónico deberían especificar por escrito el uso que harán de él para conocimiento del paciente.
En primer lugar, no envíes a tu médico un mensaje de correo que diga "Noto un fuerte dolor en pecho, brazo y mandíbula, y me falta la respiración; me he tomado seis pastillas de nitroglicerina y no desaparece, son los mismos síntomas de mi último ataque cardiaco, ¿debo llamar al 0-6-1?" Asegúrate de saber cuánto podría tardar una posible respuesta. Si la pregunta es tan importante que te preocupa el tiempo que puede demorarse la respuesta, considera una forma de comunicación más inmediata. Recuerda que también es posible que el mensaje se pierda o se envíe a un destinatario equivocado, en los dos sentidos.
Segundo, presta atención a la redacción de tu mensaje. Como todos sabemos, demasiado a menudo los mensajes electrónicos son demasiado breves, confusos, o faltos de detalles. No asumas que tu médico sabrá automáticamente de qué estás hablado simplemente porque estuvisteis tratando sobre esa enfermedad o dolor hace unos días. La claridad en la comunicación es primordial para que el médico dé una respuesta útil.
Tercero, los 26 dólares que pagó tu seguro por tu visita a la consulta hace dos años no te dan derecho a un servicio de consejo médico por Internet gratuito para toda la vida. Está bien hacer preguntas sencillas, pero no esperes que el médico vaya a leer tu historia, llamar al centro de control de enfermedades y a tu compañía de seguros y buscar en media docena de revistas médicas simplemente para satisfacer tu curiosidad o la de tus amigos. Si haces una pregunta y el médico te pide que vayas a verlo en lugar de contestarte en profundidad, piensa que podría ser sólo la forma de asegurarse de que recibes la atención apropiada.
En la siguiente entrega exploraremos los códigos y normas que afectan al correo electrónico entre médico y paciente, y examinaremos algunas estrategias prácticas que pueden utilizar unos y otros para mejorar la protección de la correspondencia electrónica.
[Ron Risley es médico de familia, psiquiatra, ex ingeniero de telecomunicaciones y pirata informático inveterado, que ejerce su profesión en Sacramento, California.]
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